La Guardia

Pasa a veces. Son dinámicas. Se siembran determinadas prácticas, y se generan corrientes, que funcionan, y no te obligan pero sí te comprometen, y no te insultan, pero sí te ponen a prueba. Es como mirar a los ojos, sin más. Cuando de joven, con mis greñas y descaro, me dirigía a una chica, “de otra clase”, bastaba con atreverte a hablar y terminar por fijar tus ojos en los suyos, cerca, nunca nadie más cerca, y comprobar si las personas que éramos se encontraban antes que las clases que nos parieron nos separasen.

Se trata de eso; no funciona siempre; pero si hablas, abres puertas; y cuando las abres, también escuchas, a veces pasa… Se llama diálogo, empatía, se llama diálogo. Y se trata de entender que el soplo de estos vientos ha llegado para quedarse: y que ese soplo huele a cambio, a pluralidad, a bien común, a sacudir nuestros mortecinos huesos… A compromiso. De modo que si abres aquellas puertas, y muchos que parecemos diferentes nos sentamos en torno a la misma mesa, y descubrimos que queremos cosas parecidas, y salen, también, desencuentros y separaciones fuertes, pero transmitidas, compartidas, vividas y sufridas en común… Al final lo que sí constatas son sinergias; se muestran empatías; y ocurren cosas… Las clases, las etiquetas, los reparos, empiezan a ceder.

Hablando, y escuchando, es como descubrimos que el anhelo de cambio era increíblemente poderoso; hablando, es como descubrimos que deberíamos empezar un debate honesto y desde la ciudadanía para diseñar otro PGOU; hablando nos dimos cuenta de que todos queríamos una auditoría de la deuda del Ayuntamiento, que lleva esperando 3 años (se aprobó entonces y aún la ansiamos); y hablando descubrimos que estábamos de acuerdo, por completo, en cambiar el modo de ejercer el poder: más transparencia, participación, apertura…

Ponedle etiquetas, ponedle siglas. ¿Y si estamos muchos de acuerdo? Le daremos forma entro todos/as además. Aquellas categorías, aquellas formas, estas clases, estas constricciones… Se desmoronan; y se desmoronan porque son los resquicios de un poder que debe cambiar, de modos, o perecerá, ante una ciudadanía que es adulta, y que ya no quiere a vendedores ambulantes, ni a inquisidores estrictamente sesgados. No. No vale con decir eres blanco y yo soy puro. El camino se compone de pasos. Y hablando; y apelando al entendimiento; gracias al enorme esfuerzo de todos; a la valentía y al compromiso de algunos, pero que representan a muchos, se encuentran lugares comunes, se crean esas corrientes: se van dando esos pasos.

Por eso el siguiente paso es intentar gobernar con todos/s (y que sea el resto el que decida, legítimamente); y no queremos gobernar para una mayoría, ni desde una minoría, sino con el amplísimo mirar de todos/as. Así que con aquellos compromisos de transparencia y participación suscritos, también, en cuanto sepamos de qué se trata y hasta dónde puede llegar el cambio en Castilleja de Guzmán, y en el año 2015, ofreceremos que el resto de grupos, si así optan por ello, sean corresponsables en el día a día, en el paso a paso, en el ejercicio de ese nuevo poder que deberá ser amable, abierto, participado.  

Le daremos forma: 16 años después es lo difícil, esto es mucho más que fácil (al menos intentarlo): lo importante es el hoy. Así que nos acostamos y sentimos nostalgia, inquietud; noche de insomnio. Por las puertas abiertas entraron corrientes frías… Pero también algo de cálido oxígeno. Y nos levantamos; y nos erguimos; y desde los zapatos, y hasta los corazones, in extremis, aquí y allá, notamos que a pesar de que todo esté en el aire, en ese aire están flotando, de unos a otros/as, cálidas corrientes de confianza: y eso es lo difícil. Pero ya corren, ya fluyen, ya existen… Ese es el cambio.

Así que finalmente, el sol brilla en muchos de esos corazones, y los horizontes se abren en muchas de nuestras mentes, y el miedo, como sus instigadores, enmudece. Sin que nadie tenga que no reconocerse, todos/as hemos apostado por dar esa enorme oportunidad a concretar La primera vez que IU se presentó en mi pueblo, 2007, me llamaron homosexual, niñato, rojo, etc. (a mucha honra si hubiera sido lo uno y ojalá tuviera la juventud de los otros), y eso desde círculos mal llamados progresistas; la segunda fue parecido en intensidad, pero con otros argumentos; y esta pues, finalmente, algo similar.

A mi me parece que la política es justo lo contrario: desde tus posiciones, saber interpretar y leer el espíritu de los tiempos, sin pararte en el color del pelo de uno, o el lobby partidista de otros. Con esta experiencia, y emocionado porque tantos vecinos y vecinas hayan apostado, con valentía, desde unas posiciones y hasta otras, por este cambio, muy sinceramente, tengo que proclamar: la democracia es bella, la democracia nos une, y la democracia bien ejercida no nos debe defraudar (haré todo lo posible por estar a la altura y valentía que vosotros/as habéis demostrado tener ;)

PD: Todos somos Guzmán. Tiempo, respeto, trabajo. Seguro que coincidimos aún más.

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